Si has llegado hasta aquí seguramente es que ya has oído o leído sobre la misma.
Una dieta peligrosa, donde se abusa del consumo de cereal integral, que genera carencias nutricionales y que además es completamente contraproducente llevar a cabo.

A lo largo de los últimos años he leído una serie de artículos sobre este tema que me han llamado muchísimo la atención entre los que destaco, entre otros:
Lasprovincias.es (2012) artículo donde expone los peligros de la Macrobiótica aludiendo a un déficit de proteínas, con un consumo de carne de caballo permitido y una escasez de calcio en la dieta.
Por otro lado, en 2017 El País publica un artículo donde habla de los riesgos ocultos de la dieta macrobiótica y menciona déficit por malnutrición, deterioro del estado psicológico de la persona debido a “limitaciones sociales” de la dieta, posibilidad de contraer infección alimentaria debido al no uso de conservantes o menciona también que llevarla a cabo puede comprometer la capacidad adquisitiva del individuo.
Además de ello existe una creencia generalizada donde se habla un consumo casi exclusivo de arroz y algas.
Desde luego, después de leer esto, sólo la palabra ya genera bastante miedo.
Incluso en un libro preparatorio del ciclo superior en dietética y nutrición de ediciones Arán, 2019, en el módulo de alimentación equilibrada se habla de alimentos permitidos y prohibidos, desaconsejando la Macrobiótica por completo en niños y mujeres embarazadas.

Mi experiencia a lo largo de estos años me ha enseñado que no existe mala religión sino mal religioso. Para empezar, la Macrobiótica no es un tipo de dieta, es un estilo de vida que abarca conceptos mucho más amplios que la alimentación, pero referente a ella en términos de nutrición puedo decir que no existen alimentos prohibidos y permitidos. Al igual que ocurre con la dieta mediterránea y la pirámide de alimentación, hay alimentos para uso diario, uso moderado y ocasional.
A la hora de elegir los alimentos, los requerimientos se hacen de forma individual, ya que cada persona tiene una condición, una constitución, edad, sexo, lugar de residencia, determinado por una estación, hábitos y estilo de vida.
Las recomendaciones nutricionales están enmarcadas dentro de las mismas pautas de la OMS, de la SENC (sociedad española de nutrición comunitaria)  o el plato saludable de Harvard:

  • Los hidratos de carbono en Macrobiótica suponen entre un 40 y 60%, y este porcentaje es tan amplio porque no es lo mismo una pauta para un deportista, que para una mujer en proceso de menopausia o para un niño en etapa de crecimiento. Desde la OMS, estos requerimientos suponen un 50-75% y desde la SENC un 50-55%. Cómo se puede ver, no hay un consumo mayor ni exclusivo de carbohidratos en la alimentación Macrobiótica. Donde existe el bulo extendido de que sólo se consume arroz.
  • Referente a las proteínas en Macrobiótica, no suponen un 5%, como he leído en los artículos citados anteriormente. Suponen un 15%. La misma recomendación que la OMS. Sin embargo la SENC, recomienda un 13% de consumo de la misma.
  • Con respecto al consumo de grasa, en Macrobiótica proviene de aceites ecológicos de primera presión en frío entre los que destaco oliva, sésamo y lino. También de las semillas y frutos secos además de fuentes de origen animal como el pescado. Reduciendo el consumo de carnes rojas y grasas saturadas de origen vegetal. La OMS recomienda que sea de un 15 a 30% de la ingesta total diaria.
  • Referente al consumo de azúcar la OMS (bajo presión del Lobby azucarero) mantiene que debe ser menor del 10%, aunque no considerándose como un alimento, sino como un comestible o aditivo alimentario, en Macrobiotica sí que se desaconseja su consumo.

Al margen de las recomendaciones Nutricionales, también me gustaría señalar la pirámide de la alimentación saludable de la SENC 2015, donde dedica un apartado al mantenimiento de estilo de vida saludable, como la promoción del equilibrio emocional o  técnicas culinarias saludables… Recomendaciones que ya vienen dadas desde los años 60 por quienes practican la Macrobiótica, ya que, como mencionaba anteriormente es un estilo de vida, que no solo engloba el factor alimentación.

Por último, como puntualización a los desajustes emocionales que se pueden producir en “reuniones sociales” debido a las “restricciones”. Todo aquel que practica la Macrobiótica, o elige la senda de una alimentación saludable para nutrir  cuerpo, mente y espíritu, no ve restricciones, solo elige lo que mejor le conviene a su cuerpo en cada momento. Cierto es que vivimos en una sociedad enferma, consumista y con hábitos de alimentación caóticos, llena de comida artificial y refinada, pero todo aquel que sabe elegir lo que necesita su cuerpo, sabrá donde encontrar lugares adaptados a sus necesidades. Por suerte, cada vez hay más restaurantes que apuestan por lo orgánico, local, por una alimentación más saludable. Al igual que personas.

No se trata de ir a contracorriente, se trata de fluir con nuestra ideología

Por lo tanto y para concluir, la Macrobiótica desde el punto de vista de la alimentación, donde es injustamente criticada, no es más que una alimentación consciente, variada, nutritiva, adaptada al individuo. Se trata de la observación de la naturaleza, de lo aprendido por nuestros antepasados sobre alimentación, se trata de elegir también en base a los conocimientos actuales y llevar una alimentación lo más natural y sostenible posible.

MICHIO KUSHI. LA DIETA PREVENTIVA DEL CÁNCER.

Algún día las generaciones futuras mirarán hacia atrás considerando el alimento desnaturalizado y artificial que consume la humanidad actual y su forma de vida como una moda. Bajo numerosos nombres y formas, la Macrobiotica continuará, mientras exista la vida humana, siendo su más fundamental e intuitiva sabiduría. Nos ofrece la llave para restaurar nuestra salud, una visión para regenerar el mundo, y un compás para trazar nuestro viaje interminable hacia la felicidad y una paz duradera”.